A decir de los urbanistas, las ciudades son espacios físicos donde se desarrolla una sociedad, son el escenario de nuestras vidas; sin embargo -para muchos- nuestra ciudad es el lugar donde nos hemos forjado y hemos vivido momentos inolvidables. Loja, religiosa, cantarina y musical, ciudad mágica a la que cotidianamente le expresamos nuestro amor y gratitud a través de la música, el arte y la poesía; valores que nos han ubicado en el pedestal de la cultura nacional… esa es nuestra ciudad.
Las aceras son testigos silenciosos, de los pasos apresurados y los encuentros fugaces; así como los edificios altivos y orgullosos, guardan entre sus muros secretos y memorias audaces. Los parques, oasis de verdor y descanso, donde los niños juegan y los enamorados pasean, y cada banco guarda un cuento y un abrazo; esta es, nuestra ciudad… que mi alma siempre anhela verla altiva y progresista.
No obstante, lo romántico e inspirador de nuestra urbe, quienes han gobernado con desdén la ciudad de Mercadillo, han tenido que dedicar su gestión a parchar los daños ocasionados por malas administraciones, producto de audaces experimentos de geólogos, urbanistas, hidráulicos y un largo etcétera; sin pensar en el futuro de Loja, la ciudad satélite, el emporio de la ciencia, el conocimiento, la cultura y el desarrollo sustentable. En la ciudad planificada para el 2050, donde la ciencia, la tecnología y la innovación, sean ejemplo de crecimiento y trabajo compartido entre la academia, la empresa privada, el Cabildo y nuestros vecinos.
Hoy, nos dedicamos a resolver con parches los problemas del pasado, no queda tiempo a los gobernantes para mirar el futuro, para sembrar de conocimiento cada dependencia municipal; no hay sueños, no hay visión de futuro, simplemente repetimos: por dónde debió ir la tubería o por dónde la deben colocar; cuando llueve en Loja y las calles se llenan de agua porque no hay un buen diseño de desfogue en la zona regenerada; nuestros ríos están contaminados porque solo regeneraron el pavimento pero dejaron igual o peor los colectores marginales.
Esta es mi ciudad, sus calles aún duermen silenciosas y quietas, pero poco a poco despiertan al ritmo del olvido y el abandono gubernamental. No obstante, la adversidad, debemos soñar en un cambio generacional que nos permita construir la Loja del Mañana; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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