Definitivamente la obra de Pablo Palacio es sabrosa en amplitud. Entre tantas otras cosas, nos ofrece una serie de elementos que navegan desde lo psicológico hasta lo filosófico, atravesando el plano jurídico, que es un nicho fantástico –y aún no tan explotado– para analizar su obra. Porque es un autor que, desnudándose de toda compasión y complacencia con el sistema, hace salpicar el pus de una sociedad decadente caracterizada por una estructura jurídica regida por actuaciones lacerantes e ignominiosas, y que sin embargo deben orientar la conducta humana.
A lo largo de la obra palaciana se da un tratamiento de temas que son de indiscutible preocupación del mundo jurídico: abuso de poder, discriminación, homofobia, xenofobia, falta del debido proceso, derechos de la naturaleza (¿acaso como una premonición?), canibalismo, prostitución y tantos otros. Frente a esto, Palacio deja entrever leyes ridículas y un Estado inoperante y cruel que intenta condenar actuaciones de personajes “marginales”, sin derechos ni dignidad. Así, en su narrativa es una constante la presencia de anormales protagonistas que terminan siendo vejados, de manera injusta y cruel, por una sociedad con papel de verdugo, y por un sistema que prescinde de lo humano y recurre a lo inquisitorial como única solución.
De tal forma que esta radiografía nos permite asegurar que la obra de Pablo Palacio sí puede ser desentrañada desde una visión jurídico-crítica, ya que encierra muchas posibilidades de lecturas e interpretaciones. No es raro que este autor incorpore en su obra elementos relevantes para el pensamiento jurídico, pues fue un abogado que ejerció su profesión y conocía, por lo tanto, los vericuetos en la que esta se desenvuelve. También fue militante del Partido Socialista, un conocedor cercano de la realidad socio-política y un maestro universitario que experimentó en carne propia la cátedra imperante de formar abogados con una mirada unidireccional y normativista que deshumaniza la complejidad de las relaciones humanas y las reduce a un sistema de normas escritas… Sin embargo, ahí perdura su obra como el puntapié a la justicia que todos los días se la intenta mostrar a través de prístinos cristales, pero que están empañados más allá de lo imaginable.
José Luis Íñiguez G.
joseluisigloja@hotmail.com