Loja: lección de amor y eternidad

El 21 de agosto de 2025 tuve el privilegio de escuchar, en una entrevista realizada por el licenciado Ramiro Cueva, director de ECOTEL TV, la palabra luminosa de la señora Ximena Vela Borja, distinguida quiteña y lojana de corazón, esposa del ex diputado por Loja, el doctor Pio Oswaldo Minos Cueva (+). Con la sabiduría serena de la sencillez y la ternura de quien lleva a Loja en el corazón, dijo que nuestra tierra es bella, pródiga en cultura, fecunda en música y habitada por gente grande.  Sus frases fueron más que un elogio: fueron un canto. Porque describió a Loja como un espíritu que se revela en dulzura, en amabilidad y en esa hospitalidad que no se limita a abrir la puerta, sino que abre el alma, abrazando al forastero hasta convertirlo en hermano.  Fue un instante de revelación: allí estaba resumida Loja eterna, tierra que no solo se habita, sino que se ama; tierra acogedora, llena de arte, música y pensamiento.  (las negritas son mías).

Sus palabras me llenaron el alma y se transformaron en una lección magistral que todo lojano debería atesorar: amar a Loja. Amarla con ternura y orgullo, con la gratitud de quien reconoce en ella su raíz y con la esperanza de quien sueña con su grandeza imperecedera. Porque a Loja no se ama solo con   discursos, sino con acciones firmes; no se la defiende y honra solo con nostalgia, sino con la palabra justa, con la acción noble y con el coraje frente a la indiferencia del poder.

Aquí radica nuestra misión más alta: cada lojano debemos ser los custodios de nuestra tierra. No basta con admirar su historia, es preciso prolongarla y rescatar su grandeza para proyectarla hacia el porvenir; no basta con reconocer su grandeza, es necesario cultivarla con obras y con espíritu; no basta con solo pronunciar “amo a Loja”, hay que demostrarlo con acciones que dignifiquen su nombre y engrandezcan su destino.

Cortejar a Loja no es nostalgia ni simple orgullo: es responsabilidad, es siembra de futuro, es compromiso silencioso y permanente con la tierra que nos inspira, nos eleva y nos recuerda que pertenecer a Loja es un honor, orgullo y gloria y, al mismo tiempo, un deber moral y legal sagrado.

Amar a Loja es también amarnos a nosotros mismos, pues ella nos dio origen y sentido. Su futuro será el reflejo de lo que hagamos hoy con justicia, unidad y esperanza.

Jaime A. Guzmán R.

jaimeantonio07@hotmail.es

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