Loja siempre ha vivido en emergencia. Hoy mismo junto a otras provincias del país está en emergencia nacional por la fuerte temporada invernal, que ha golpeado duro a varios cantones fronterizos del sur, en vialidad, viviendas, sembríos, agua potable y más.
Se pensó que la emergencia sería una oportunidad para que la conciencia estatal recuerde que las afectaciones por el azote invernal se solucionan con apoyo, llegando primero para hacer sentir al vecindario que su vida y bienestar valen; o al menos priorizar los recursos adeudados a los municipios, para afrontar la contingencia. Ni lo uno, ni lo otro. Por eso hablar de la desatención estatal a esta provincia es un repaso de la postergación de su destino y también de los responsables de ese destino.
Bien sabemos que, en los pueblos fronterizos del sur en las emergencias, hay que seguir pasando el sombrero para pagar la obra pública del Estado. Así lo comprobó el asambleísta por Loja, Jorge Guevara, quien al visitar Chaguarpamba y Celica luego de constatar el mal estado de las vías estatales, para que no se inunde su popularidad, contrató con sus propios recursos una máquina para dar paso provisional al tráfico vehicular, poniendo en evidencia el descuido o falta de recursos de la Zonal 7 del Ministerio de Infraestructura y Transporte, esperando se comprometa a exigir atención para Loja ante el fracaso de las autoridades, que advierten apurar la gestión cuando haya un diluvio y se vea transitar el arca de Noé con algunos ejemplares de “el Nuevo Ecuador” adentro.
Por eso el campesino, el hombre rural, el chazo que aún resiste los desprecios y sobrevive al olvido, está recurriendo a los sahumerios con ramas de romero e incienso benditos para apaciguar a las nubes, en espera de que a los deslaves, socavones y huecos alguien les ponga epitafio.
Si a Loja la tienen siempre en emergencia, hay que encontrar tiempo para decidir y no acostumbrarnos a la vocación provincial de vivir con el silencio y la ausencia.
Adolfo Coronel Illescas