Es cosa bien sabida que el código de honor caballeresco prohíbe cualquier clase de trampas en las grandes luchas. Los caballeros andantes de los libros antiguos ponen el honor y la lealtad por encima de sus propias vidas. Lanzarote del lago libra combates a cielo descubierto contra guerreros felones, en unas ocasiones les perdona la vida, en otras los mata, en todas ellas pelea limpiamente utilizando las mismas armas que su oponente. Ivain, el caballero del león, procede de la misma manera rigurosa entendiendo que la peor derrota es la pérdida del honor. Percival, Galván, el mismo Rey Arturo, privilegian la honra por encima de la victoria. Y siglos después, nuestro buen Don Quijote escoge estoicamente un cuerpo maltrecho por grandes palizas, aunque provisto de un espíritu honesto e intacto.
De esta forma podemos pensar en la democracia como un gran torneo en el que idealmente solo deberían participar gentes con un enorme sentido de la decencia. Personas capaces de vencer a los gigantes de la ambición personal, a los magos del acomodo y las prebendas, a los follones secuestradores del Estado, a los malandrines que son los eternos beneficiarios de los dineros de todos.
Sí las cosas fueran de esta manera podríamos confiar ciegamente en elecciones limpias; sabríamos de antemano que cualquier defensor de un pendón tendría tantas oportunidades como el mejor de alcanzar el poder. Nada temeríamos de trampas y subterfugios. Nos reiríamos del poder del dinero en la lid electoral.
Pero, como le ocurrió a Don Quijote, la realidad nos golpea con las piedras y los palos que nos lanzan los villanos apoderados del castillo de la política. Vemos a la Patria confinada en una torre oscura, rodeada de un foso profundo habitado por numerosos negociados. No existe una lanza reluciente que la rescate ni un bálsamo de Fierabrás que la sane. El pueblo anhelante espera las migajas que de vez en cuando caen de las almenas. La democracia permanece yacente como el mero objeto de las apuestas en un interminable juego de villanos.
Carlos García Torres
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