Los lojanos abordamos los problemas de nuestra tierra desde diferentes ópticas. A pesar de ser habitantes de la misma provincia, respondemos en forma distinta ante la realidad, ya que no vemos el mundo “tal como es”, sino a través de nuestro juicio personal, de nuestras experiencias y nuestras emociones. Este proceso de interpretación subjetiva de la realidad se denomina percepción.
Esta percepción de la realidad nos puede hacer perder el sentido de las proporciones, la paciencia y hasta el equilibrio emocional. Por eso, como sociedad, tenemos que terminar de entender que la realidad será lo que deba ser, no lo que nosotros creemos que “debería ser”. No hay espacio para la ingeniería social; no es posible que el mundo llene los vacíos o las carencias que nosotros mismos no estemos en capacidad de llenar.
¿Será por eso, quizá, que buena parte de la calentura política actual ocurre juntamente porque vivimos abstraídos de la realidad? Tal vez por eso tanta gente miente al mismo tiempo. Es más, hay gente en esta provincia a la que le pagan por mentir. Aunque parezca mentira, han construido verdaderos feudos del embuste, la trampa y la vulgaridad.
A pretexto de ser “frontales”, algunos dejan de lado la sensibilidad y la empatía para pasar de la sinceridad al sincericidio, que es el comportamiento de una persona que se cree valiente y honesta por decirle cualquier cosa a los demás, sin ningún tipo de filtro, incluso cuando nadie les ha pedido su opinión. Gritones destemplados que, por estas épocas intensas, vociferan y señalan a los supuestos culpables de los males de la provincia.
Muchas veces, el cambio inicia cuando dejamos de buscar culpables y empezamos a buscar soluciones, aunque buscar soluciones nunca es fácil, sobre todo cuando esas soluciones no son de nuestro agrado.
Fredy Cueva Castillo