En “el Evangelio de la vida” se asigna un papel particular a la mujer y a la maternidad. Dios confió la maternidad a la mujer, haciendo de ella su vocación eterna. “Dios Padre ha querido así asegurar la vida del niño, su tesoro, que esa vida, desde el momento de su concepción, sea confiada a la solicitud del ser más cercano al niño: su propia madre”. (Juan Pablo II).
En la encíclica “El Evangelio de la vida” el Papa se ha dirigido a las mujeres con estas palabras: “Vosotras estáis llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico, de aquel don de uno mismo y de la acogida del otro…En efecto, la madre acoge y lleva consigo a otro ser, le permite crecer en su seno, le ofrece el espacio necesario, respetándolo en su alteridad”. (n.99).
La mujer “está más preparada que el hombre para la función generativa. En virtud del embarazo y del parto, está unida más íntimamente a su hijo…La mujer está llamada a tomar conciencia del valor de su vocación a la maternidad, como afirmación de su dignidad personal, como capacidad y aceptación de la expansión de sí misma en nuevas vidas, y a la luz de la teología, como participación en la actividad creadora de Dios”. (Juan Pablo II).
¡Mujeres: reconciliad a los hombres con la vida!
En este mayo, en que se celebra el mes de la Madre; agradecemos al Señor por el don de la vida y el don de nuestra madre, madre que entrelazó sus manos con las manos de un hombre para formar entre ambos una cuna.
Felicitamos a todas las mujeres que son madres, tanto a las que engendran como a las que adoptan, a las madres casadas como a las madres solteras, por su amor y entrega a la vida de sus hijos.
Edgar A. Ojeda Noriega
esguasysuelos1@gmail.com