¡¡Habemus Mamam!!

La maternidad es una vocación sublime de la mujer, una vocación eterna que no conoce límites. La madre tiene el “poder” insustituible de generar vida, un don que nace en lo más hondo del alma femenina. Ser madre es mucho más que engendrar: es abrazar la vida con todo su misterio; es ser tierra fértil donde germina el amor; es refugio, raíz y vuelo; una expresión sublime del ser femenino que trasciende el tiempo, el espacio, el cuerpo y todo.

La mujer que es madre —biológica, adoptiva o espiritual— guarda en su corazón un conocimiento intuitivo del misterio de la vida. Ella tiene la certeza que en su seno se gesta lo eterno. Es precisamente en esa comunión especial con el misterio de la vida donde se siembra, crece, madura y fructifica, tanto en las entrañas como en el corazón de la mujer.

Concebir y dar a luz un hijo es donde la mujer se realiza plenamente, sabiendo que la maternidad no es un derecho, sino una manera muy especial de amar.

La humanidad siempre se ha asombrado y continúa asombrándose ante este misterio. Y quien es madre también se asombra y admira ese misterio con intuición singular, porque sabe lo inconmensurable y excelso que cobija amorosamente en su seno.

Hoy decimos con alborozo: ¡¡Habemus mamam! ¡Porque mientras haya mujeres que abracen esta vocación con valentía y ternura, habrá quien dé al mundo esperanza! Porque cada madre es un faro, una raíz, una llama encendida en medio de la noche. Y en su abrazo, la humanidad entera encuentra consuelo, sentido y futuro.

Un saludo cariñoso y un ¡gracias, mamá! por ser madre.

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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