Según los últimos datos de la CEPAL, Ecuador se ubica entre los países con menor recepción de inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe. En 2024, el país registró una caída de la inversión de 35%, que alcanzó 318 millones de dólares, especialmente en el sector servicios, lo que evidencia su débil capacidad para atraer nuevos inversionistas. Mientras economías como Brasil y México concentraron el grueso de las inversiones, Ecuador quedó rezagado, sin lograr captar proyectos de gran envergadura ni consolidarse como un destino atractivo en el mapa regional.
¿A qué se debe la incipiente inversión extranjera en Ecuador? Según el enfoque del árbol de restricciones propuesto por Hausmann, Rodrik y Velasco (2005), el bajo nivel de inversión en países como Ecuador puede explicarse por la presencia de cuellos de botella clave que inhiben la rentabilidad de las inversiones o encarecen el financiamiento. Las decisiones de inversión están condicionadas por dos grandes ramas: una vinculada a los bajos retornos esperados (como la mala infraestructura, la inestabilidad institucional, la inseguridad jurídica o los riesgos regulatorios) y otra relacionada con el alto costo del financiamiento (como sistemas financieros débiles o restricciones de acceso al crédito externo).
A los problemas estructurales señalados se suman factores como la falta de coordinación entre políticas productivas y de atracción de inversiones, una débil estrategia de promoción internacional y la ausencia de sectores claramente priorizados con ventajas competitivas sostenidas. Como plantean Hausmann, Rodrik & Velasco, si no se identifican correctamente las restricciones más apremiantes; y no se actúa con precisión sobre ellas, la inversión seguirá siendo totalmente incipiente.
Kevin Jiménez Villavicencio
kmjimenezv@gmail.com