La democracia como sistema político de la “cultura occidental”, de la que el Ecuador es parte, está concebido para funcionar con partidos políticos, que son organizaciones creadas para promover la participación de la diversidad ciudadana en el gobierno de un Estado. Si bien la revolución digital obliga a modificar las formas de comunicación de los partidos políticos, al menos hasta ahora, la necesidad de su existencia no ha sido cuestionada en forma suficiente.
Para que un partido político sea tal debe tener, por lo menos, afiliados o militantes activos y registrados, principios ideológicos, programa de gobierno, estructura orgánica nacional, escuela de formación política, personería jurídica e inscripción legal en el sistema electoral del Estado. La Constitución de la República del Ecuador, vigente desde 2008, consolidó un régimen híbrido de organizaciones políticas que, en gran parte, explica la proliferación de movimientos políticos y candidatos para las elecciones presidenciales y legislativas de 2025.
En el actual marco jurídico existen movimientos y partidos políticos, pero los primeros no tienen las mismas obligaciones que los segundos. Por ejemplo, los movimientos pueden ser locales, provinciales o nacionales; no requieren de una militancia permanente; son “propiedad” de particulares, carecen de democracia interna y los candidatos son designados por sus “dueños”. No es lo único que hay que hacer para fortalecer el sistema democrático; pero, lo menos que se debe hacer, es crear un solo tipo de organizaciones políticas, con los mismos derechos y obligaciones.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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