Vivimos una farsa democrática

Los últimos sondeos de opinión dan cuenta de un marcado e imparable descenso en el nivel de aceptación de la gestión del presidente Daniel Noboa. El 75,46% de los consultados, en el ámbito nacional, lo desaprueban abiertamente y tan sólo un 22,49% lo aprueban, algunos de ellos, quizá, movidos seguramente no por cuestiones ideológicas sino ante compromisos burocráticos o como beneficiarios directos de subsidios temporales. Estos números incluso tienden a deteriorarse aún más si segmentamos el estudio por provincias. En el caso de Manabí la calificación negativa al Primer Mandatario llega al 85,55% en tanto en Azuay el rechazo asciende al 78,99%. Asimismo, en los territorios de Pichincha y Guayas, los números rojos superan la barrera del 72%, en cada caso.

Así las cosas, es evidente que el oficialismo, en corto tiempo, ha erosionado su capital político y, consecuentemente, está huérfano del apoyo popular, tan necesario para legitimar sus actuaciones en el poder. De ahí que cada vez, y con mayor frecuencia, se advierte la presencia de prácticas absolutamente antidemocráticas y de corte autoritario como expresiones que reflejan miedo e inseguridad en un gobierno que incapaz de sintonizar con las necesidades de la gente.

Por eso mismo, la última decisión del Tribunal Contencioso Electoral (TCE) de suspender provisionalmente al Movimiento Amigo, por nueve meses, frente a la denuncia de carácter reservada, presentada, coincidentemente en este tiempo electoral, por parte de la Fiscalía General del Estado, en contra de una organización política a la que, días antes, justamente se la había mencionado como  vehículo para la participación de los candidatos de la Revolución Ciudadana en las elecciones de noviembre 2026, principal fuerza de oposición al gobierno de ADN a la que tiempo atrás también el mismo TCE suspendió; genera enormes dudas respecto al futuro proceso eleccionario el que debería caracterizarse, de mediar una democracia medianamente madura, por ser libre, participativo y competitivo.

Vivimos una farsa democrática, con todas sus letras.

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *