Integración de planes: cambio de realidades territoriales


La planificación territorial constituye uno de los principales instrumentos para orientar el desarrollo sustentable de una comunidad, establece una visión compartida del futuro, prioridades de inversión y articula las decisiones públicas con las necesidades potencialidades y dinámicas propias del territorio. 

El Plan de desarrollo y ordenamiento territorial es la hoja de ruta estratégica de los gobiernos locales, construido a partir del conocimiento profundo del territorio y con capacidad de adaptarse a los cambios del entorno. Sin embargo, en muchos casos presenta dificultades para responder a las nuevas dinámicas territoriales debido a que su actualización se basa en información secundaria y bases de datos nacionales que, aunque relevantes pueden no reflejar completamente las transformaciones sociales, económicas, productivas y ambientales que ocurren en los territorios.

Por otro lado, los planes de gobierno de los candidatos a diferentes dignidades, surgen a partir de diagnósticos territoriales propios, construidos mediante recorridos comunitarios, reuniones ciudadanas y levantamiento de información primaria que permite identificar directamente problemas, necesidades y aspiraciones de la población.

En este contexto, una de las principales dificultades que enfrentan los gobiernos locales, es la desarticulación entre las propuestas electorales y los instrumentos institucionales de planificación. Esta brecha entre la planificación técnica institucional y la realidad percibida, resulta en que muchos planes, programas, proyectos y acciones, permanezcan por varios periodos administrativos sin alcanzar niveles aceptables de ejecución; limitando la capacidad institucional de generar respuestas oportunas y convertir la planificación en resultados concretos para la colectividad.

Por tanto, los PDOTs deben proporcionar el marco estratégico, técnico y normativo que ordene las propuestas en una visión integral de desarrollo y los planes de trabajo deben constituirse en una oportunidad para actualizar y fortalecer la planificación territorial, incorporando las demandas ciudadanas y las nuevas realidades identificadas durante los procesos electorales, evitando la duplicidad de esfuerzos, garantizando la continuidad de la planificación más allá de los periodos de gobierno.

En conclusión, la solución no está en elegir entre el plan de desarrollo institucional y el plan de trabajo del candidato ganador; sino lograr una integración efectiva entre ambos. La planificación territorial debe ser un proceso continuo de construcción colectiva, en donde la visión política, el conocimiento técnico y la participación ciudadana se articulen para transformar las necesidades del territorio en impactos positivos para mejorar la calidad de vida de la población.

 
 Geovanny Patiño Valdivieso

gepavaldi78@hotmail.com
 

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