Una de las noticias más tristes de este año fue el fallecimiento de Stalin Alvear, uno de los preclaros hijos de Loja, que llevó el nombre de Loja a los más altos sitiales de las letras. Siguiendo la ruta de otros lojanos inmortales, como Benjamín Carrión Mora, Pío Jaramillo Alvarado y Eduardo Mora Moreno, llegó a ocupar la Presidencia Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE).
Lo conocí en las aulas del Colegio Bernardo Valdivieso. Recién había retornado a Loja y se dedicó, entre otras actividades, a la cátedra en esa insigne institución educativa. Fui su alumno, circunstancia de la que tengo sano orgullo. Fue de esos maestros que uno nunca olvida, porque dejan una profunda huella en tu vida. Aún conservo en mi biblioteca un libro que me obsequió como estímulo a mis estudios y para fomentar mi gusto por la lectura.
A pesar de la diferencia de edad mantuvimos siempre una sana y buena amistad, que nunca se fracturó ni rompió. Fue un socialista de toda la vida; de pensamiento y acción. De aquellos que no claudican en sus principios cuando les toca desempeñar un cargo y administrar recursos públicos. Recuerdo que estuve en su posesión como presidente del Núcleo de Loja de la CCE, compartiendo esos gratos momentos con otros grandes que se le adelantaron: Félix Paladines, Marco Placencia, Carlos Rojas Delgado…
Me dijo alguna vez que conoció a mi padre, Gustavo Ortiz Arellano. En su libro de memorias Antes que me olvide (1995) narra: “A través de Ángel Encalada y Alfredo Jaramillo, si bien mayores que nosotros, amistamos con Carlos Franco, Gustavo Ortiz Arellano y Vladimir Bazante, profesores que vinieron de Quito. Ortiz Arellano ganó un premio internacional con el poema Grandeza de Bolívar moribundo (…) Tanto Franco como Ortiz, junto a lojanos prominentes, murieron violentamente en el llamado ‘volque de la Universidad’. La pérdida cultural y humana fue neta”.
Dicen que los grandes hombres no mueren, Stalin Alvear es uno de ellos. Vivirá por siempre en sus libros, en cada sitio de los caminos que recorrió, en la memoria de quienes lo recordamos… Se atribuye a José Martí esta frase que reproduzco en memoria de Stalin Alvear: «Los grandes hombres no mueren nunca. Hay hombres que hasta después de muertos dan luz de aurora. La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.»
Gustavo Ortiz Hidalgo
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