¿Podrá la heredera de la alcaldía de Loja, Diana Guayanay, marcar la diferencia del alcalde removido y llevar adelante una gestión que responda a un nuevo comienzo ante la pobreza de la obra pública municipal?, preguntaba con preocupación la ciudadanía en julio del año anterior. Y nosotros decíamos el tiempo lo dirá.
Transcurrido el primer semestre de los 4 que le corresponde administrar la ciudad y el cantón, la expectativa del vecindario lojano sigue pendiente, esperando que ya se aterrice al menos en una del montón de necesidades: saneamiento, conectividad vial, vivienda popular, así como un cambio en la fisonomía de la urbe que parece abandonada, fortaleciendo un plan urbano capaz de iniciar la transformación de Loja en una ciudad planificada e inclusiva, para trabajar, vivir y producir con paz y seguridad.
El gran problema para la alcaldesa Guayanay es que plata no hay. Ahora, luego de seis meses, asumiendo una postura discreta dice que la administración gestionará recursos a través de organismos nacionales e internacionales para ejecutar proyectos. Algo que suena difícil por el poco tiempo que le queda, cuanto más que Loja necesita una obra con proyectos sostenibles para enderezar su destino. Además, ese poco tiempo que es preelectoral será aprovechado por los pre candidatos a la alcaldía que ya están mostrando sus caras y caretas, cuestionando la falta de acción y compromiso de la actual administración municipal.
Pese a ello, no conviene desilusionarse, pero tampoco ser parte de la complicidad y el silencio. Conviene empujar al Ayuntamiento para que nos de alegría y esperanza, superando la inacción. Hay una manera de contribuir a mejorar nuestro destino y es, no resignarse. Y estar pendiente de la obra pública municipal que hasta ahora no se nota, compitiendo con el olvido del Gobierno central cuya gestión para Loja tampoco se nota.
Adolfo Coronel Illescas