Al hablar de capital social nos referimos a ese poderoso pegamento que permite cohesionar a toda una sociedad, lo cual se ve nítidamente reflejado en los niveles de cooperación y confianza mutua existentes entre las personas, condición que se alcanza observando apropiadas normas generales de comportamiento que están, en buena medida, alimentadas por la honestidad, el respeto, la educación y el cultivo de los valores cívicos. De ahí que, al acumular capital social, es decir, tejer fuertes redes en el relacionamiento social, se crean condiciones básicas para el crecimiento económico y, desde luego, para el fortalecimiento de la democracia participativa.
Y es que cuando un país acumula capital social entonces cuenta con un importante activo que favorece directamente a la economía, disminuyendo los costes de transacción, en tanto la confianza es lo que mueve y prima entre los actores intervinientes en una negociación. En muchos casos, basta el comprometer la palabra, para cerrar un acuerdo y tener la plena confianza que los términos acordados serán respetados. En este tipo de relacionamiento no cabe la viveza criolla tan propia de sociedades atrasadas donde la trampa y el engaño son armas que se utilizan cotidianamente para sacar ventaja o aprovecharse de la ingenuidad de la gente. Quizá una sociedad con un alto capital social nos devuelva a aquellas épocas de hombres y mujeres conocidos como chapados a la antigua, es decir, personas que actúan con absoluta integridad y gobernados por principios éticos inamovibles.
Por eso mismo, la formación de ese tipo de capital está relacionado con los procesos históricos y culturales de cada país. En otras palabras, el capital social no es producto de una ley escrita ni surge de forma espontánea. Más bien, se crea y aumenta de la interacción social y de su uso frecuente. Pero también el capital social se llega a deteriorar en la medida en que se abandone la cooperación y confianza, dando paso a la opacidad y a la no participación de la gente, escenario muy propio de democracias enfermas y donde ha ganado terreno la despolitización de la política.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion