Últimamente he subido y bajado a la capital de la República y más allá de solo ir y venir he podido aprender varias cosas.
La primera es que Ecuador es, sin duda, uno de los países más bonitos del mundo. Tiene paisajes increíbles, volcanes, praderas, comunidades indígenas con su cultura increíble, saltos de agua, paradores, etc.
La segunda es que sospecho que a la mayoría de ecuatorianos compraron la licencia de conducir en el mercado del barrio, eso o no aprecian su vida ni la de los demás. Realmente no puedo explicar de otra forma las maniobras que se ven por la carretera.
La tercera es que el problema de Ecuador son los ecuatorianos, solo algunos no todos. No sé ofendan, o sí, me da igual, pero la verdad es que se ven comportamientos dignos de parvulario y no de personas adultas. Cómo ejemplo el camión que acabo de ver tirando la basura por la ventana a la montaña.
La cuarta es que me encanta conducir por las carreteras de la sierra, subidas, bajadas, curvas por doquier… hasta que llego a Loja y está la vía hecha un desastre.
La quinta y no menos importante, es que te encuentras gente maravillosa y amable en cualquier rincón, dispuesta a ayudarte en lo que necesites.
En conclusión, y aquí quiero parafrasear a un personaje “ilustre” español, “Ecuador es un gran país y los ecuatorianos muy ecuatorianos y muchos ecuatorianos” sea lo que sea que signifique eso.
Victoriano B. Suárez Álvarez
victorianobenigno@gmail.com