En cada familia, como un torbellino, se dan acontecimientos indistintos, positivos y desfavorables que remesen los pilares de la misma. Acontecimientos que llenan de alegría cuando a cualquiera de los miembros le va bien, superó algo, obtuvo un logro, le sonríe la vida, nutre de satisfacción hablar de él o ella y el orgullo resplandece por todo lo alto, seguido por lo general de un Gracias al Todopoderoso.
Pero también existen momentos donde la desdicha de un cúmulo de acontecimientos lesiona a la familia, menoscaba su integridad, diezma la salud, quebranta la esperanza y es que son momentos donde más busca el cobijo en el Todo Poderoso, rogándole, implorándole y es que no existe ser humano que pueda atender y curar las heridas, menos aún entender lo que le pasa, porque Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la menea o dicho de otra forma cada quien tiene su sarna que rascarse. Y es que como pecadores en este mundo terrenal tendremos, de todo, una montaña rusa en el vivir diario, donde solo queda pensar desde cada mañana que el Todopoderoso te amparará.
El Todopoderoso con su hijo que dio la vida por los terrenales de carne y hueso que en Semana Santa vivimos su liturgia y veneramos su lección de vida y muerte para redimirnos. Será que solo en estas fechas debemos ser más creyentes o es que sobre nosotros queda una cruz imaginaria que en cuesta pesa, pero al final te invita a levantarte con fuerza y fe y que en pendiente positiva te da ánimo para seguir adelante, porque al final del atardecer has cumplido tu labor con un día más de vida junto a los tuyos con la esperanza de que el mañana siga siendo próspero.
Paúl Cueva Luzuriaga
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