Ministros y menesteres

Es cosa bien sabida que los mandatarios deben confiar a sus ministros la realización de las tareas que el funcionamiento eficiente del Estado requiere. Esto quiere decir que los ministros deben ocuparse de los numerosos menesteres que construyen todos los días el bienestar ciudadano. Imaginamos entonces un atareado funcionario que, desde una torre capitalina, con implacable resolución y amplísimos conocimientos, dirige un batallón de tecnócratas que comparten el patriótico deseo de días mejores para la patria. En nuestro sueño estos personajes modelan el desarrollo del país. Desde sus computadoras personales planifican los grandes hospitales que salvarán la salud de los esmeraldeños. Presupuestan, al centavo, los dineros que se necesitarán para dotar de vialidad a Loja. Perfilan los complejos planos del alcantarillado de Babahoyo. Se desvelan noche tras noche para encontrar las mejores soluciones para los muchos problemas que se acumulan en las papeleras de sus escritorios. Y así, en este dorado ensueño, el Ecuador de nuestros anhelos va tomando forma gracias a estos desinteresados ministros que prodigan obra pública a diestra y siniestra desde todas las carteras de Estado, al menos de las que sobreviven.

Pero no hay distancia tan grande como la que media entre el sueño y la realidad.  A la luz de la vigilia encontramos que en lugar de esos brillantes secretarios de Estado tenemos menestrales oscuros, ocupados ciegamente en tareas rutinarias, sordos a las necesidades de las provincias, atentos a su propia imagen y a la sonrisa de sumisión que deben mostrar a su jefe, dispuestos a justificar cualquier cosa siempre que eso signifique el ahorro de las monedas necesarias para el pago de la deuda externa.

No es un secreto que el gabinete está conformado mayoritariamente por personas que forman el círculo más cercano del presidente. Compañeros, socios y amigos de muchos años que comparten los contados espacios en las altas esferas del dinero y del poder. La condición principal que los caracteriza es la lealtad. Tal situación estará bien para algunos, pero el respeto a la democracia y al pueblo exige siempre ministros capaces antes que cortesanos aduladores.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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