Aunque los mismos esquemas no siempre se adaptan a todas las constituciones, no es difícil identificar en la Constitución ecuatoriana de 2008 una parte dogmática y otra orgánica. La primera tiene como sus principales elementos a los derechos ciudadanos y a las garantías que permiten su libre ejercicio. La segunda tiene que ver con la estructura institucional del Estado.
Si bien hay discrepancias en torno a la parte dogmática, el debate se ha polarizado respecto a su parte orgánica. La creación de los cinco Poderes o Funciones del Estado fue uno de los actos de estupidez más destacados de la historia ecuatoriana, cuya autoría corresponde a los correístas, gracias al incuestionable respaldo popular del que gozó su caudillo, por ahora prófugo de la justicia ecuatoriana.
Como lo peor de la estructura orgánica están los dos principales engendros de la Constitución referida: el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs) y el Consejo de la Judicatura (CJ). En el primero, siete ciudadanos (generalmente poco ilustres) ejercen la competencia de designar a todas las autoridades de control, entre ellas al propio CJ; por lo que asumen un poder exagerado, que rompe con el principio democrático de los necesarios frenos y contrapesos.
El otro engendro es el CJ, creado como el órgano de gobierno, administración, vigilancia y disciplina de la Función Judicial. En los hechos, ha sido el principal instrumento para politizar y corromper al sistema de justicia. El caso Metástasis desnudó una trama mafiosa de intereses del que fueron actores estelares varios vocales del CJ, jueces, fiscales, policías, guías penitenciarios, servidores públicos y, obviamente, delincuentes peligrosos y contumaces.
Nos equivocamos quienes pensamos que habíamos tocado fondo. El chantaje que el CJ ha ejercido sobre jueces, fiscales y otros servidores públicos ha sido descarado y lo hacen ya sin ningún rubor. Lo más grave, es que los estudios jurídicos que defienden a los narcotraficantes han logrado ubicar a sus socios en los cargos decisorios del CJ; es decir, la metástasis continúa y no hay quimioterapia posible que combata con eficacia este cáncer institucional.
Gustavo Ortiz Hidalgo
gortizhidalgo@yahoo.com