Hace poco, en un encuentro casual, un amigo lector me dijo con franqueza algo que no he dejado de pensar:
“Leo sus artículos y me interesan; pero en una época marcada por la confrontación, donde en vez de construir, se destruye, escribir con suavidad pasa desapercibida. Sin un tono que incomode y hiera, difícilmente atraerá lectores ni alcanzara el reconocimiento que merece”.
No respondí de inmediato. Algunas observaciones no buscan respuesta, sino reflexión. Y esa llegó más tarde, ya en casa, cuando comprendí que dicho comentario no era personal, sino un reflejo de una época.
Vivimos en un tiempo en el que el que insulta es considerado valiente. El que exagera es celebrado como gran editorialista y el que grita parece tener siempre la razón. En cambio, quien escribe con prudencia, con respeto y sentido humano, suele ser visto como tibio o irrelevante. La agresividad ha ganado terreno y la serenidad parece haber perdido valor.
Con esta observación intenté, lo confieso, escribir bajo esta perspectiva: el de la ironía hiriente, el reclamo desmedido, la acusación fácil. No lo logré. No por falta de argumentos, sino porque mis principios, mi formación y mi manera de entender la palabra lo impidieron. Hay estilos que no se adoptan sin renunciar a uno mismo.
Hoy, pase lo que pase, reafirmo mi posición: seguiré escribiendo desde la prudencia, sin gritar, sin insultar, sin incomodar al otro. No porque ignore los problemas, sino porque creo que la crítica más profunda no necesita violencia verbal para ser legitima. Defiendo la palabra que orienta, no la que humilla; la que forma, no la que incendia.
Persistiré – aunque resulte incómodo- en la convicción de que solo la educación, la formación ética y el respeto a la dignidad humana pueden ofrecer alternativas reales a los males que nos aquejan como sociedad; no para destruir más, bien para empezar, al fin, a construir algo distinto, siempre pensando en el prójimo y en el amor.
No será el camino más ruidoso. Pero, en los tiempos de violencia, elegir la palabra que no hiere también es una forma de resistencia.
Jaime A. Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es