Inicia la campaña anticipada

Faltan aún varios meses para las elecciones seccionales del 29 de noviembre, fecha en la que se eligen alcaldes, concejales, prefectos y vocales de gobiernos parroquiales. Sin embargo, La campaña, aunque no declarada, ya está en pleno desarrollo y los futuros candidatos ya recorren calles, veredas y comunidades.

Lo que ocurre en las ciudades es una cosa, pero lo que se vive en el campo es otra. En las parroquias rurales, en los recintos apartados y en las comunidades que normalmente no aparecen en los titulares, el ambiente electoral se respira con intensidad. Allí, los futuros candidatos, aún sin nombres inscritos formalmente, ya están presentes. Lo hacen con una estrategia más efectiva: la presencia constante, el saludo en cada puerta, la promesa al oído y, sobre todo, la ayuda social y humanitaria inmediata.

Esta ayuda, que en tiempos normales debería ser obligación del Estado, aparece convenientemente en los meses previos a la elección. Un arreglo de vía, una donación de materiales de construcción, la organización de un campeonato deportivo, una minga financiada, una fiesta patronal con auspicio, transporte y hasta atención médica gratuitos. Todo suma. En el sector rural, donde la presencia del Estado suele estar ausente y las necesidades son apremiantes, la llegada de un político con recursos y soluciones, aunque sean temporales, genera una conexión profunda con el elector.

Las organizaciones políticas, grandes y pequeñas, han entendido esta ecuación hace décadas. Por eso, mucho antes de que el CNE apruebe candidaturas, los movimientos ya tienen desplegados a sus equipos en las zonas estratégicas. No esperan el permiso oficial. Actúan bajo la lógica de que el elector rural no decide el día de la votación, sino en los meses previos, cuando ve a un rostro conocido resolverle un problema. Aunque la ley prohíbe la campaña anticipada, pero la necesidad no entiende de plazos legales.

Mientras en las ciudades la política sigue atada a los medios tradicionales y a las redes sociales, en el campo la política es carne y hueso, es presencia y palabra empeñada. El ciudadano urbano puede cambiar su voto en los últimos días influenciado por un debate televisivo. El campesino, en cambio, suele decidir basado en lo que vivió, en la mano que le tendieron cuando la lluvia le destruyó la cosecha.

César Sandoya Valdiviezo

cesarsandoya@hotmail.es

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