El pasado 7 de mayo, tras más de cincuenta años de investigación y preparación, don Alfonso Palacios Cueva legó a Loja y al país su extraordinario libro “Plantas medicinales de la floresta lojana”. Cuando se lo lee, da la sensación de que el ruido mundano de la ciudad y los hombres sucumben ante la magnificencia de nuestro manto vegetal interandino. Porque hablan las plantas que se yerguen en nuestros escarpados y hermosos campos, irrigados con el refulgente sol de la mañana o con la frescura propia del invierno. Y entonces uno se deja envolver y se pierde, emocionado, en las bondades que este ofrece, y que tan bien se describen en esta obra, única en su género dentro de nuestro contexto regional.
Es tan interesante que encontramos una aproximación al origen de cada planta, su procedencia geográfica, sus características y, según sea el caso, la utilidad que puede reportar para la salud. Si acaso alguna de ellas no ofrece beneficios directos ya sea para ser ingerida en infusión o aplicada directamente en partes afectadas del cuerpo humano, su autor lo advierte con toda claridad explicando las razones. Por eso es una valiosa guía que además de adentrarnos en el conocimiento sobre nuestro manto vegetal lojano, nos ayuda a comprender el impacto que tiene sobre nuestro organismo.
Pero, debemos decirlo, no es un libro con meros enunciados o con datos descriptivos puramente informativos. Previo al abordaje específico de cada ejemplar, su ilustre autor nos comparte inteligentes reflexiones que son testimonio de la realidad que ha vivido nuestro país en cuanto a la desidia de las autoridades y a la ausencia de políticas públicas de conservación, producto de la inacción política y el quemeimportismo de autoridades tanto locales como nacionales.
De manera paralela, es un llamado de atención categórico para que los ciudadanos sustituyamos la barbarie por la verdadera civilización, cuya máxima debería ser conocer y proteger nuestro rico ecosistema lojano. No por nada el extraordinario naturalista Teodoro Wolf catalogó a Loja como Jardín Botánico de Ecuador y de América…
Mi enhorabuena, gratitud y admiración a don Alfonso Palacios por este nuevo aporte que constituye un referente de consulta, pero también un exhorto concluyente y necesario que debería llevarnos, si acaso valoramos la vida en alto grado, a una sesuda pragmática.
José Luis Íñiguez
joseluisigloja@gmail.com