Una forma muy común de halagar la presencia de los árboles en los espacios verdes de las ciudades, llámense parques, avenidas, orillas de ríos, etc., es denominarlos “pulmones de la ciudad”, porque inhalan dióxido de carbono y exhalan oxígeno puro mediante el proceso de fotosíntesis, renovando y purificando el aire urbano; por eso, es frecuente, escuchar expresiones como esta; aquí se respira aire puro, cuando estamos rodeados de árboles. Aparte de este beneficio para la salud, los árboles bien conservados, contribuyen maravillosamente al ornato y belleza de todo espacio ya público ya privado.
Nuestra ciudad se precia de tener varios espacios verdes de gran connotación: Parque de Jipiro, Parque Lineal, Central (Bernardo Valdivieso), Bolívar, de los Molinos, avenidas con variedad de árboles con predominio de los sauces, los márgenes de los ríos, sobre todo en el sector norte, con importante vegetación; sin embargo, aquí viene la pregunta: el Municipio, a través de sus respectivos departamentos, está velando por la buena conservación de los árboles, porque, diera la impresión que, en varios sectores, los pulmones de Loja han entrado en terapia intensiva y, lentamente, están muriendo, víctimas del tiempo, de la presencia de parásitos vegetales y del quemeimportismo institucional.
Me refiero al «salvaje», «barba española» o “barba del viejo” (nombre científico: Tillandsia usneoides) es una bromelia epífita que cuelga de las ramas de los árboles. No es un parásito; no se alimenta del árbol, sino que obtiene humedad y nutrientes directamente del aire. Sin embargo, si crece de forma excesiva, puede tapar la luz solar y causar daños por su peso. (tomado de Google). Sin embargo, se evidencia que las plantas que tienen esta barba española o del viejo, entran en un proceso de deterioro que, con el paso del tiempo, las seca hasta quitarle su frescura y su vida. Es fácil observar en los árboles afectados por su presencia, cuáles son sus efectos reales, aunque se diga que no es un parásito. Aparte de ello, esa barba que cuelga de los árboles les resta belleza y estética y atenta a su ornamentación.
Sería bueno que el Municipio, a través de sus departamentos, disponga el retiro de esas “barbas”; de seguro los árboles mejorarán su atractivo.
Darío Granda Astudillo
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