Difícil con palabras describir a Loja, pero basta escuchar al corazón que dice: es mi patria, mi nación, pequeña en extensión, pero inmensa en vocación, cuna de artistas, poetas, cantores, pintores y escritores, que con su talento convierten el arte en un festival de mil de colores.
En la centinela del sur, la cultura y la música no son solo una expresión, es una identidad construida con trabajo, esfuerzo e inspiración, donde quien no sabe cantar sabe tocar, y a la guitarra la hace hablar, y quien no puede tocar sabe cantar y al alma la hace vibrar, y si alguno no sabe tocar ni cantar, un poema del alma siempre va a poder declamar o con su pincel una verdadera sonrisa puede pintar
Valle risueño, desde el cielo parece papel arrugado, pero desde el suelo es un paraje encantado. Podemos sentir fascinación por otros lados, viajar por distintos estados, incluso disfrutar de la belleza de Vilcabamba, pero existe un sentimiento difícil de explicar, el deseo permanente de regresar, a nuestro querido, valle de Cuxibamba.
Cuando ha tocado nuestra tierra dejar, y llega el momento de regresar, a los lojanos no hay nada más grande que nos haga emocionar, que ver desde las faldas del Villonaco, las luces de nuestra Loja titilar, pues es el anuncio esperado que por fin a nuestra casa vamos a llegar y aunque mil veces nos tengamos que marchar, mil veces querremos regresar.
La castellana también es historia hecha con valor, luchas que se tejieron al ritmo del tiempo, sus calles guardan recuerdos, sucesos que marcaron su desarrollo y su gloria. Es también valores: la honestidad, respeto, solidaridad, hospitalidad, trabajo y ese profundo sentido de pertenencia que hace al lojano sentirse orgulloso de tener esta tierra como lugar de residencia.
Y como la música es nuestro idioma, lenguaje de eterno de sentimiento, con alegría siempre vamos a decir que “SI USTED NUNCA HA IDO A LOJA NO CONOCE MI PAÍS” como dice la estrofa de un compositor feliz, pues para el buen lojano, Loja es su país, pues es patria hermosa desde la copa a la raíz; y quien la visite, de sus guitarras podrá escuchar el arpegio, pero al partir, con toda certeza sabrá decir, que, aunque ser ecuatoriano es un orgullo, “SER LOJANO ES UN PRIVILEGIO”.
Geovanny Patiño Valdivieso
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