Esto vuelve inútil a una charla motivacional

Contrataste al mejor orador. La gente aplaudió, algunos se emocionaron. Un mes después, todo sigue igual: misma rotación, mismas quejas.

El problema no fue el orador. Le pediste a otro que motivara a tu gente para no meterte tú a resolver lo que en el fondo la tiene así.

Una charla motivacional es inútil cuando pretende aliviar con palabras lo que la organización no está dispuesta a resolver con decisiones.

Te cuento algo que me pasó. Un prospecto nos pidió una charla motivacional. Antes de aceptar, hicimos una pequeña investigación y encontramos que, en ciertos turnos, varias colaboradoras mujeres no tenían acceso oportuno al baño. Debían esperar hasta ser relevadas y eso estaba provocando infecciones urinarias recurrentes.

Ese era el verdadero problema. No faltaba actitud. Faltaba una decisión de gestión. Pero ninguna de las involucradas quería exponerse a confrontar el incómodo problema con la alta gerencia.

Fuimos con los hallazgos a nuestro prospecto y dijimos que una charla serviría de poco si esto no se resolvía primero. La respuesta fue: «Una cosa no tiene que ver con la otra». No nos contrataron.

Y aunque me fui poco feliz, estaba tranquilo. Porque cobrar por motivar a alguien mientras la organización se niega a resolver aquello que la está desgastando, me habría dejado dinero en el bolsillo, pero también la sensación de saber que estaba siendo cómplice de maquillar un problema.

Y esto no es una excepción. Lo he visto en empresas, cooperativas e instituciones: Intentamos resolver con discursos lo que solo se puede cambiar con decisiones.

Antes de contratar la próxima charla, pregúntate: ¿qué estás intentando tapar?

Porque nadie puede sentirse motivado durante mucho tiempo en un lugar que, con sus decisiones, le demuestra todos los días que poco o nada importa.

Marlon Tandazo Palacio

hola@marlontandazo.com

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