Las huellas de un gran educador

Las huellas son el rastro que dejamos los seres humanos en el caminar por la vida. Algunos dejan huellas incipientes que el tiempo se encarga de borrarlas, mientras que las de otros son profundas que nadie puede contra ellas y, mientras más pasa el tiempo, más reverdecen y se inmortalizan.

Manuel Benigno Abarca Toledo ha muerto, su deceso ha causado honda consternación en el seno de su familia y amistades que lo han llorado con profunda tristeza y respeto. Pero, en el campo educativo, su deceso ha enlutado a miles de lojanos que recibieron la mies de su sabiduría en varias instituciones educativas, de manera especial la Universidad Nacional de Loja, y los colegios Bernardo Valdivieso y Eugenio Espejo.

Muy pocos han logrado lo que ha hecho “Manuelito”, como amigablemente le decíamos: setenta y cuatro años de su dilatada existencia dedicó a la docencia, trabajando en los niveles primario, secundario y universitario; y, en todos ellos, dejando una estela de ciencia, de una didáctica basada en el conocimiento constructivo, para que cada alumno sea el hacedor de sus saberes; sin dudas, qué gran maestro.

En lo personal, conocí a Manuel Abarca en el año 1977, cuando me inicié como docente en el legendario Bernardo Valdivieso, él ya era un admirado maestro: estatura de gran talante, fuerte como un roble, un libro abierto en las Ciencias Sociales. Se había ganado un enorme aprecio y respeto entre sus alumnos. Por razones de compañerismo institucional, muy pronto me gané su amistad. Así aprendí a disfrutar de su experiencia, su profesionalismo y su fino sentido del humor. Cuando fue rector lo acompañé en el consejo directivo; después, ya jubilado, siguió su docencia en el prestigioso Eugenio Espejo en donde, como primera autoridad, con ponderada mesura y sabiduría, forjó el crecimiento y madurez de esta institución.

Ahora nos quedan sus huellas imborrables: la historia de Loja lo recordará como insigne educador, y sus ex alumnos como su catalogado maestro. Me duele mucho su partida, que descanse en paz. Mi solidaridad con su querida familia.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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