La culpa es de la vaca

En Ecuador parece haberse instalado una nueva forma de gobernar: cuando algo falla, nadie responde; cuando algo se rompe, nadie asume; cuando la leche está cortada, la culpa es de la vaca. No del agricultor que no la alimentó, no de quien descuidó el establo, no de quien prometió administrar mejor y terminó mirando hacia otro lado.

Hay crisis en el sector salud, pero se la minimiza. Faltan medicinas, insumos y equipos, aunque el discurso oficial insiste en que todo está bajo control. Para 2026, el sistema público requería alrededor de USD 687 millones para medicinas e insumos, pero se presupuestaron apenas USD 300 millones. Es decir, se pretende enfrentar una emergencia con menos de la mitad de los recursos necesarios.

Hay problemas energéticos, pero se culpa a zarigüeyas, aves o accidentes aislados, como si la planificación eléctrica dependiera del azar y no de decisiones públicas oportunas. Hay problemas con los combustibles, el abastecimiento y el costo de vida, pero se intenta tapar el sol con un dedo, como si la falta de inversión pública no tuviera consecuencias. Solo tres de cada diez trabajadores tienen empleo pleno, ¿pero la culpa es de ellos por no trabajar?

También hay casos de corrupción, pero nadie parece responsable. Siempre hay una excusa, un enemigo externo, una herencia recibida o una vaca imaginaria a la cual culpar. Gobernar no es negar la realidad: es dar la cara, corregir y responder. Porque cuando todo es culpa de la vaca, el país se queda sin leche, sin salud, sin energía, sin empleo y sin responsables.

Santiago Ochoa Moreno

wsochoa@utpl.edu.ec

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