¿A quién no le han fascinado estos espectáculos fugaces y eternos de nuestro planeta?: mirar como cae la lluvia; cómo las nubes van de un lugar a otro cambiando de forma; el esplendor de un arco iris que exhibe majestuoso sus colores: ocre, anaranjado violeta, rojizo, y que nos ofrece paz y la certeza de que la alianza seguirá por siempre; el último rayo de una puesta de sol; el relámpago atronador que ilumina por instantes la obscuridad de la noche; la tierra que tiembla y nos sobrecoge haciéndonos temblar a nosotros también; un amanecer; un atardecer; una noche de estrellas o una noche obscura; las estrellas fugaces que como centellas cruzan el cielo, nos traerán siempre reminiscencias de infinito ¡Qué espectáculo tan bello e inquietante a la vez! ¡Qué impotencia tan absoluta se siente cada vez que contemplamos el cielo, y nos recuerda que nosotros somos fugaces y eternos, también! Bécquer y las estrellas nos dicen que los fugaces somos nosotros y yo me pregunto ¿si tienen o no tienen razón?
Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!
En este instante irrepetible y maravilloso de nuestra vida, en el que el tiempo pasa inexorable, yo decido si lo dejo pasar o si lo aprovecho y me revisto de mis mejores galas de sueños, y con el corazón exultante de alegría, por tanto, que tengo que aprender, por tanto, que observar, por tanto, que dar gracias. Lo importante es que sepa disfrutar cada momento y el momento de ser feliz, solamente es ahora, mañana puede ser, que sea demasiado tarde. Todo, todo ocurre en un instante: feliz fugaz y eterno.
Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.ec