En los últimos años, Loja ha sido testigo silencioso de la llegada de administraciones municipales incidentales: gobiernos de transición que han tenido más de un problema en el cumplimiento de su función. neófitos ayuntamientos que en la práctica se les ha complicado consolidar procesos sostenidos de gestión pública; en algunos de los casos la estrategia ha sido la improvisación, han tenido que “improvisar en vez de ejecutar”, reemplazando la planificación por decisiones coyunturales y, en muchos de los casos, priorizando situaciones particulares por encima de las verdaderas necesidades.
Algo que ha provocado debate es su débil legitimidad, no por su legalidad, sino por su desconexión con la voluntad popular, pues las autoridades asumen el poder no por el voto directo, sino por el resultado de circunstancias políticas que los pusieron en funciones sin un claro mandato. Esa fragilidad afecta el modelo de gestión, que corre el riesgo de privilegiar la supervivencia política antes que una verdadera y estructural transformación.
Es indispensable que estos gobiernos tengan la capacidad de construir sobre lo trabajado, y no enfocar su gestión en implementar lo recién pensado. Se debe evitar un régimen local que no avanza, que reinicia procesos, que ignora las prioridades, perdiendo el tiempo y las oportunidades; pero el reto es repensar el gestionar público hacia los resultados para hacer de Loja tierra pujante, que deje de retroceder y camine firme hacia adelante.
Otro desafío es evitar el desplazamiento de perfiles técnicos sustituidos por círculos de confianza. No premiar la lealtad sobre la capacidad; por el contrario, es necesario conformar equipos sólidos, en donde la meritocracia sea el criterio de selección, en que el conocimiento, la capacidad y experiencia permitan procesos sostenidos que fortalezcan la administración.
Superar este escenario, exige una ciudadanía vigilante, informada y activa, que demanden a sus autoridades no solo discursos estructurados, sino que trabajen con ética y resultados. El desarrollo de la ciudad no puede depender de gestiones de paso, sino de verdaderos y efectivos planes de trabajo.
Como lojanos de bien, debemos elegir bien, que quienes nos vengan a gobernar, logren que nuestra tierra pueda progresar pues en algunos casos las administraciones de transición, tuvieron como estandarte la inacción, traducida en una simple continuidad administrativa con una pobre y débil gestión.
Wilson Geovanny Patiño Valdivieso
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