La ciudad tiene grietas profundas. Están las provocadas por la tierra que se desmiembra en varios sectores, las generadas en la institucionalidad pública, en el desencuentro ciudadano, en la imposibilidad de diálogos horizontales que no caigan en el desprecio, la respuesta prefabricada, la visceralidad. Hay grietas profundas que son como heridas, y nos cuesta tender puentes sobre ellas, superarlas. Entre lo que se debió hacer y no se hizo, entre lo mal que se ha hecho y lo incompleto, estamos en una larga condena en una ciudad sin brújula, sin agua, sin vías.
Frente a la crisis hacen falta unidades amplias y firmes con liderazgos que aglutinan, con la sensibilidad necesaria para identificar las urgencias sin desplazar lo necesario, mirar lo inmediato, lo superficial pero también lo de fondo. La ciudad no puede ser un escenario de ensayos e improvisaciones, ni de mesianismos o falsos heroísmos. Y por supuesto, es imprescindible ir hacia la construcción de ciudadanías críticas, menos proclives al clientelismo, a la banalidad, al espectáculo de la politiquería. Loja debe encontrar su propio rumbo, sus propias formas del progreso, el desarrollo y la prosperidad. Loja, con su peculiaridad histórica, territorial y cultural, debe imaginar un camino propio, alimentado por los ejemplos valiosos que hay no solo en el país, sino en la región y el mundo. Ser el último rincón jamás nos ha significado estar a la cola. Desde nuestra condición
Pablo Vivanco Ordóñez
pablojvivanco@gmail.com