Conviene repetir lo dicho e insistir en lo conveniente. Loja ha tenido buenos alcaldes, no así un buen equipo técnico de planificadores urbanos, lo que ha permitido que su realidad vecinal como su singularidad tenga problemas y conflictos al marcar la diferencia con la franciscana ciudad de antes.
Hemos descuidado contar con un nivel ordenado de calidad urbana, sin advertir que Loja por su acelerado incremento poblacional necesita espacios públicos ordenados y seguros, limpios y cívicos, de calidad y libertad. Como parte de esa despreocupación estamos viviendo el congestionamiento vehicular, la contaminación y el ruido. Situación en conjunto que no debe aplazar más el desarrollo de Loja, eludir tal responsabilidad sólo contribuye a la desafección del Cabildo y la Alcaldía.
¿Sabía usted, por estimaciones, que en la ciudad de Loja y su entorno habitan 70 mil familias y cada familia tiene uno o dos vehículos lo que nos aproxima que 70 mil carros rueden diariamente por la “pequeñita ciudad” y solo hay 4 mil estacionamientos? Datos escalofriantes de movilidad vial que en las “horas pico” produce un caos, un despelote entre carros particulares, taxis, camiones, buses urbanos, busetas y hasta motos, que impiden el tráfico peatonal en toda la ciudad y particularmente en las unidades educativas del centro de la urbe.
Recordemos que en noviembre del 2022 un concejal presentó un proyecto de transitabilidad vehicular en el casco urbano llamado “pico y placa”, que fue archivado. Desde aquella época las instancias municipales se han quedado quietas y calladas, silenciosas y sordas, alcahuetes del caos vehicular, creyendo que la solución es cerrar calles.
Hoy el tema es un reprise de los tantos que hemos repetido. Ya es hora de que los buenos oidores de la opinión pública- alcaldesa y concejales- escuchen el reclamo de la realidad urbana de Loja, incluido el grave problema del congestionamiento vehicular que está gobernando la ciudad. Y nos tiene de cabeza.
Adolfo Coronel Illescas