Contextualizando, los quitu-cara (civilización preincaica que se asentó a lo largo del rio Machángara, en lo que hoy es Quito) al igual que casi todas las poblaciones humanas del mundo, han buscado ríos, quebradas y lagunas para desarrollarse como comunidad y así garantizar su supervivencia, cultivando sus alimentos y creciendo a lo largo de los años.
El inexorable paso del tiempo, el crecimiento desordenado de la ciudad, así como la falta de planificación estratégica y el descuido de las autoridades, ha hecho que el río Machángara se enferme de gravedad, sus síntomas son cambios frecuentes de coloración, presencia permanente de espuma y emisión de olores nauseabundos, entre otros.
Para bien, luego de varios años de lucha encabezada por colectivos ambientalistas, el proceso judicial culminó (la semana pasada) con sentencia favorable para el río Machángara, reconociéndolo como sujeto de derechos y dictando la obligatoriedad del Municipio de Quito para implementar, mediante ordenanza, 27 medidas o acciones que conlleven a su restauración ecosistémica y descontaminación, asignando presupuesto suficiente que permita sanarlo. Es claro que, el proceso será complicado para el Municipio, pero existen formas para realizarlo, por ejemplo, las 8 administraciones zonales de la capital reciben al año, 10 mil dólares para descontaminación de quebradas, de los cuales se ejecuta 0%. Ese puede ser un capital semilla para iniciar acciones.
Con algarabía decimos ¡qué viva el río Machángara!
Benjamín Ludeña Guamán
benjamin.ludena@gmail.com