Comienzan a sonar nombres y voces de candidatos y precandidatos para las dignidades seccionales de Loja. Y “cuando el río suena, piedras trae”. Sin alterar en nada esta afirmación popular, jamás quisiéramos pensar que el 29 de noviembre vamos a elegir piedras o adoquines para seguir empedrando el tortuoso camino del olvido en el que sigue represado el progreso de esta “tierrita mía”, que se hace más visible por la ofensiva discrecionalidad de un gobierno que nos hace sentir que la frontera sur no es parte de “el nuevo Ecuador”, teniendo como referente la falta de obra pública y el cierre de la frontera con el Perú.
Suenan candidatos en los medios de comunicación, quienes en su veloz propuesta andan manoseando la cosa pública y por falta de experiencia cometen hasta faltas de “ortografía”; ausentes de nuestro lenguaje cotidiano que debe permanecer culto, decente y respetuoso. Deberían recurrir al Manual de Urbanidad y Buenas Maneras del venezolano Manuel Antonio Carreño.
Opinión que no debe generalizarse, pero lo hacemos público porque las críticas son mejores que los elogios, el adulo o el silencio. Hoy mismo cuando los concejales están acercándose al pitazo final y si preguntamos sobre su gestión “el corazón responde pesares, pesares”, pasillo que le suena al gran colectivo lojano, cansado de esperar respuestas a las propuestas y no quiere que su voz se siga arrugando, aunque su única arma sea un instrumento al hombro y su vocación por la cultura.
Los partidos y movimientos políticos están obligados a escoger como candidatos a gente con valores, sobre todo con honestidad, sabiduría y valentía. La responsabilidad sobre las obligaciones de una función pública recomienda que los representantes a elegir el 29 de noviembre ayuden a rescatar el nombre de Loja, sin darle la espalda al tiempo para que no se multipliquen las necesidades y se dificulte aún más enderezar el destino de la ciudad y provincia.
Suenan candidatos, aunque algunos en espera de su confirmación, todavía no hacen ruido.
Adolfo Coronel Illescas