Decía el filósofo Hegel que sólo los mejores deberían gobernar, pero vemos que al poder van a parar los peores, prestos a implementar una «política» con minúscula, del mero profesional (como lo sostuvo Max Weber), que hacen de la «política» una fuente de ingresos (viven de la política), al que las víctimas que ellos mismos producen (con sus necropolíticas) les son invisibles; profesionales del lucro, el prestigio, el poder. Estos meros profesionales tienen como propósito estratégico el vencer al «enemigo» (Schmitt dixit), especialmente al enemigo que propone una economía social y solidaria que nos conduzca hacia la equidad. Además, son partidarios de la corriente de pensamiento económico y político denominada neoliberalismo que aboga por la primacía del capital, la opulencia y el ideal de enriquecimiento egoísta. En contra sensu, está la «Política» con mayúscula, la del estadista que actúa con justicia y pudor; que lucha a largo plazo por la sobrevivencia de la humanidad y por la simetría democrática de los afectados (en especial de las víctimas). El estadista es un político por vocación (vive para la «Política») tal y como lo sostuvo Max Weber en su «Política como vocación». La vocación del estadista es aquella actividad que le permite salir a la calle para intentar transformarla y mejorarla; además, es la de vivir ayudando a los demás a realizar su proyecto de vida, de bien común y de justicia social, pese a la dificultad de la tarea y la humana fragilidad. Este estadista propone una economía que descansa sobre la socialización y la fraternidad; donde prima el trabajo sobre el capital; la responsabilidad personal sobre el aparato institucional anónimo y burocrático; una Política al servicio de la persona y el cuidado de la naturaleza; que sustituye el ideal del enriquecimiento egoísta por el de la armonización del ser humano con los entornos que le son más próximos y sostiene que «sólo se posee lo que se regala». Debemos abogar por una Política como vocación donde el político piense y trabaje para la próxima generación y no para la próxima elección.
Jorge Benítez Hurtado
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