La comunicación ineficaz de la crisis de electricidad que se vive en Ecuador genera conflictos. Los líderes de opinión reclaman continuidad y oportunidad de la información que presentan el ministerio y el comité encargados de enfrentar esta catástrofe.
No es la primera vez en el año, y menos en la última década, que los ciudadanos deben cambiar sus rutinas a consecuencia de los cortes de energía eléctrica. Pero en cada ocasión los boletines públicos son contradictorios y tienen imprecisiones que derivan en desinformación, es decir, noticias construidas con la intención de confundir o para beneficiar a los emisores de los bulos.
Frente a la incertidumbre, a las pérdidas económicas y a las suspensiones de clases, entre otras secuelas, se requiere, además de constantes procesos de comunicación, de una pedagogía sobre cómo vivir usando eficientemente los recursos naturales. Necesidad que es resaltada por organismos internacionales, instituciones científicas y asociaciones de protección del ambiente que alertan sobre las sequías, incendios e inundaciones que provoca el cambio climático.
Existen publicidad para animar a apagar las luminarias no utilizadas, o de la forma correcta de ducharse, pero también se aprecian edificios con luces encendidas fuera de horarios de atención e industrias que no tratan las aguas residuales, sin mencionar los ríos llenos del azogue derivado de la minería.
Por ello, urge comunicar qué, cómo y dónde menguar las afectaciones de la escasez y la abundancia de agua que se producirá en los siguientes meses y años. Se deben poner en prácticas las recomendaciones para evitar el uso indebido de los bienes ambientales, que están escritas, pero que sin voluntad política quedarán como argumento de cargo para juzgar a los responsables de los crímenes ecológicos.
Abel Suing
arsuing@utpl.edu.ec