La empatía olvidada

Se ha dicho, y no sin razón, que uno de los problemas más profundos que afronta la humanidad es la creciente incapacidad de comprender, sentir y valorar las batallas diarias que otra persona está viviendo.

A la mayoría de personas – con las honrosas excepciones de rigor- parece importarles muy poco el sufrimiento ajeno. El dolor de los demás se contempla con indiferencia, como si fuera una realidad distante que no mereciera atención ni compasión.

Hemos llegado a un punto en que, tanto en ámbito laboral como en el familiar, e incluso en el social y cultural, es cada vez más difícil encontrar una verdadera disposición para escuchar, comprender y ser solidarios. Con frecuencia se juzga antes de conocer, se censura antes de entender y se exige antes de acompañar.

Estas actitudes y desatinos, nacidos de la mezquindad y la insensibilidad, hormiguean y pululan en la sociedad ecuatoriana. Allí donde la indiferencia desplaza a la compasión, difícilmente pueden germinar la justicia, la confianza o el bien común.

Frente a esta pavorosa realidad, a este empobrecimiento de la conciencia humana, impregnada de brutalidad y que hiere el corazón, resulta inevitable recuperar, con entereza y responsabilidad, la empatía como una virtud esencial de la convivencia humana. Comprender al otro no significa justificar todos sus actos, sino reconocer que cada ser humano libra consigo una historia de dolores y luchas silenciosas que desconocemos. Solo cuando aprendamos a mirar con sensibilidad el dolor ajeno y amar al prójimo podremos aspirar a una sociedad más justa, más fraterna y, sobre todo, más humana; una sociedad donde nadie sea indiferente al sufrimiento de nuestros semejantes.

Sé que lo que hemos hecho hasta ahora ya no se puede cambiar; pero lo que hagamos, con empatía y esperanza, a partir de hoy puede cambiar todo y conducirnos de nuevo al lugar donde el corazón aprendió a llamarse humanidad.  Hay que superar la tormenta con la fe inquebrantable de que, detrás de las nubes, el sol sigue y seguirá existiendo.

Así lo siento, con toda el alma.

Jaime A. Guzmán R.

jaimesntonio3@gmail.com

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