Voto femenino

El derecho al voto femenino constituye uno de los mayores logros en la historia de la democracia y de la lucha por la igualdad. Su conquista no fue un regalo del Estado, fue el resultado de décadas de movilización, sacrificio y perseverancia de miles de mujeres que enfrentaron discriminación, persecución y exclusión para ser reconocidas como parte de la sociedad.

Plantear hoy la posibilidad de eliminar el voto femenino no solo representaría un atentado contra los derechos humanos fundamentales, sino también un profundo retroceso con lo avanzado

Históricamente, las mujeres hemos sido excluidas de la vida política, sosteniendo que carecemos de la capacidad para decidir asuntos públicos, que nuestro lugar debe limitarse al ámbito doméstico o que nuestro voto estaría condicionado por las decisiones de esposos o familiares.

La incorporación de las mujeres, fortalece los sistemas democráticos, la representación política y permite que temas históricamente invisibilizados ingresen en la agenda pública. La educación, la salud, la protección de la niñez, la igualdad de oportunidades, la lucha contra la violencia de género y el reconocimiento de derechos sociales encontraron nuevas voces gracias a la participación de mujeres en la política.

En Ecuador, el voto femenino tiene un significado aún más profundo, pues fuimos pioneros en América Latina cuando, en 1924, Matilde Hidalgo Navarro, convirtiéndose en la primera mujer latinoamericana en votar. Su participación marcó un antes y un después en la historia política de la región y abrió el camino para que otras naciones reconocieran el derecho político de las mujeres.

Han pasado solamente 202 años del voto en nuestra región, es por ello que defender el voto femenino significa defender la igualdad, la libertad y la dignidad humana. Los derechos conquistados gracias al esfuerzo de nuestras ancestras no deben darse por sentados; requieren ser protegidos permanentemente frente a cualquier intento de arrebatárnoslos. Una sociedad que cuestiona el derecho de las mujeres a participar políticamente no solo pone en riesgo los avances alcanzados hasta hoy, sino que nos deja en un ámbito de indefensión que nuestras voces y nuestros nombres sean aniquilados de la historia.

Verónica Capelo

verogcapeln@gmail.com

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