Las sociedades políticas que conocemos, desde las más primitivas hasta las más refinadas, estuvieron siempre dirigidas por un poder. En las tribus se imponían las creencias; más adelante, el poder de un hombre, el más fuerte, el más prudente o el más hábil. Para los griegos, aunque la polis ya constituyó el centro de la institucionalización del poder, seguía predominando el vínculo personal sobre el territorio; posteriormente fue el vínculo del poder de la propiedad sobre la tierra y hasta la actualidad el poder sigue siendo una prerrogativa del que lo ejerce, disfrazado de democracia. Decía Rigoberta Menchú: […] “Cómo podemos enfrentarnos al crimen organizado. Junto con la corrupción y el narcotráfico, ha constituido una fuerza que no es paralela al Estado. Es realmente un Estado dentro de él.” […] Ergo, ese Estado paralelo es el que debemos combatir, pero no cambiando de nombres u hombres de la misma especie y ralea; el cambio debe ser de actitud, de proponer ideas para reinstitucionalizar un estado corrupto y fallido.
Debemos elegir autoridades que ejerzan el poder popular y empiece a teorizarse un modo de transmitir la autoridad hacia la continuidad perdurable de una estructura institucional que, procure y perdure en el tiempo… una gestión basada en los intereses colectivos que se sustente en un principio de legitimidad con el apoyo popular. Decía Juan Montalvo: […] “El que no cumple sus deberes es pueblo corrompido; el que no conoce sus derechos, es esclavo; y el que no conoce sus derechos ni practica sus deberes bárbaro.” […] Para cambiar los nombres por las actitudes, las propuestas por la bocinglería de campaña, y, el Estado fallido por un Estado sólido y próspero, es necesario que todos hagamos las tareas, y eso solo sucederá cuando tomemos la firme decisión de reinstitucionalizar el Estado; caso contrario, volvemos al círculo vicioso de cambiar nombres en una misma papeleta electoral viciada de corrupción y narco política -con algunas excepciones- Quizá este proceso electoral ya está contaminado y poco o nada podamos hacer para cambiar el rumbo en la gestión de los próximos gobernantes; no obstante, ojalá alcancemos a realizar los cambios requeridos sobre el camino; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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