Culminada la romería de la Virgen de El Cisne, lo que siempre debemos lamentar es la ingente cantidad de basura y desechos que queda a lo largo y ancho de todo el trayecto, especialmente en las cunetas de la vía. Se cuenta por montones y de todos los tipos, siendo un efecto inevitable. Lo grave, sin embargo, es que después de tantos años de instaurada esta peregrinación católica, no se haya procurado remediar, en lo posible, esta situación. Cierto es que tiene sus matices y sus bemoles, pues está relacionada también a la falta de cultura social y ambiental de la gente, que bastante acostumbrada está a botar los desechos donde le plazca. Pero no es menos cierto que la falta de espacios destinados al depósito de basura, y la informalidad propia de los negocios que allí se instalan, influye negativamente. Prácticamente no existen espacios idóneos para que los peregrinos puedan depositar los desechos, y no siempre las personas que ofrecen sus productos tienen depósitos claramente establecidos. Pero tampoco es costumbre que la gran mayoría lleve una bolsa o guarde los desechos hasta que los pueda dejar en un lugar adecuado. Al contrario, de manera simplista e irresponsable los botan en la vía y continúan la caminata, sin más. Aparte de ser un foco de contaminación y una práctica reprochable, se trata de una afectación severa al medio ambiente, que es la casa donde cohabitamos todos. Muchos sostendrán de manera reduccionista que luego de la romería se procede con la limpieza. Es cierto, pero hasta entonces mucha basura ya ha ´migrado´ a otros lugares o se ha instalado en árboles, quebradas, ríos y demás… En todo caso, me parece carencia de civilización botar indiscriminadamente la basura so pretexto de dichas circunstancias. Es hora, asimismo, de que las autoridades implementen un plan piloto; quizá la identificación de puntos estratégicos o el catastro inicial de los comerciantes que son parte, pueda funcionar. Pero es una tarea urgente, como tantas. Ojalá…
José Luis Íñiguez G.
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