Al fondo no hay sitio

Son tiempos difíciles para prestar atención a lo que mañana le quitará el sueño a la mayoría de los ecuatorianos. Aunque el optimismo se revista tras la bandera de cualquier opción electoral, la desazón llega más pronto que la satisfacción. La angustia y la incertidumbre sembradas por los nuevos miedos -sanitarios, laborales, domésticos- impulsa a encontrar respuestas amigables -por los colores, por los rostros, por lo conocido, por lo nuevo, por el eslogan, por la amistad o la enemistad, etc.- una boya para no ahogarse en el océano de lo empantanado.

Seguiremos cortos de miras mientras no haya espacio para pensar una política que mire más allá de los problemas de hoy, que con la miopía que se abordan, seguirán siendo los problemas de los siguientes lustros.

Hay que voltear la mirada, cambiar de perspectiva, fijar un nuevo derrotero, idear una ‘política’ que rebase lo inmediato, el voluntarismo, los tentempiés históricos, las frases elaboradas de folletín, y la consigna remozada con las modas. La mayoría de políticos de hoy comprenden bien las lógicas electoreras que prostituyen la política, pero se niegan a pensar en el sentido profundo de la política misma.

Las crisis revelan las costuras pequeñísimas por donde empieza a fisurarse la vestidura, pero la misma crisis tiene medios que gestionan la distracción, mecanismos que adormecen los dolores y generan la vana ilusión de que solo se encontrará el salvamento que buscaba. En el encuadre del capitalismo, la enfermedad no es signo de decadencia, sino indicio de su propia reproducción.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com