Se extendió velozmente la nueva moda adoptada por chicos, jóvenes -y no tan jóvenes- de cuestionar su identidad humana. Ahora resulta que, según su auto percepción, ya no se sienten parte de la especie humana, sino más bien de la diversa fauna. Su nombre: Therians; su identificación: perros, gatos, lobos… paseando públicamente en cuatro “patas”; imitando ladridos, maullidos o aullidos, y reclamando su derecho a ser incluidos como tales.
Al parecer no todos estos therians se visibilizan con igual justificación, pues para unos se trata de un juego temporal propio de adolescentes ansiosos por acaparar atención; para otros: un instrumento de protesta ante el sistema, al que desean hacerle entender que el término “humanos” es relativo; y, para unos terceros: la convicción de que realmente son animales, metidos por equivocación en cuerpos humanos.
Los debates están abiertos: voces a favor, voces en contra, y voces indecisas, que nos llevan a evidenciar estos despistes de una humanidad encaprichada en desconocer a su Creador, la biología, el sentido común.
En lo particular, Loja hasta hace poco pudo haber sido considerada como una tierra tempranamente habitada por therians, ya que es común encontrarnos con los: pájaros Vásquez, chivos Novillo, gatos Ortega, pollos Veintimilla, sapos Ojeda, el pulpo Cabrera… por citar unos pocos.
En todo caso, no sabemos si llorar o reír, al enterarnos que en algunos países ya existen academias especializadas, para quienes deseen aprender a ladrar, maullar o aullar correctamente y con estilo, según el animal con el que se auto perciban. Tampoco sabremos si llorar o reír cuando nos presenten a algún desconocido, y tengamos que preguntarle: “¿Disculpe … debo tratarlo como a humano o como a algún animal en particular? ¡Qué chifladura!
Con razón en la biblia encontramos citas como esta: “Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, Él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse”. (Rom. 1:28).
William Brayanes
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