Violencia intrafamiliar

Los conflictos entre seres humanos siempre existirán. Pero lo ideal sería que se resolvieran sin llegar a la violencia.

¿En dónde surge la violencia?  La respuesta a esta pregunta debe ser lo más objetiva para poder manejarla de manera eficaz.

Y si vamos a la raíz del problema, nos encontramos que es en la familia donde aprendemos a ser violentos. No es que nuestros padres y familiares quieran ser violentos de manera consciente, sino que ellos han recibido una herencia que nunca la han pasado por los tamices de la razón y del corazón.

Un padre cascarrabias, una madre dictatorial, unos hermanos peleantines, nos llevarán a que nosotros también respondamos así. En caso contrario, aprenderemos a ser respetuosos y cordiales. Actuando así, formaremos una sociedad respetuosa y cooperadora para el bien común.

¡Cuántos padres y abuelos son maltratados por hijos y nietos! ¡Cuántos hijos son víctimas de la violencia intrafamiliar! ¡Cuántos esposos y esposas tienen un enemigo en casa que los acosa física o psíquicamente!

Por eso es ineludible que la escuela dedique un tiempo a modelar el carácter de cada niño para que se convierta en un cooperador de la sociedad. Es necesario que en los programas educativos se tome en cuenta este aspecto con toda la seriedad que amerita. Que no sea una “materia” más sino una vivencia que empieza desde el maestro.

Y deben también establecerse, como un apoyo a lo que ya no se pueda hacer en el aula, las leyes contra la violencia intrafamiliar, que busque frenarla,  no con un concepto represivo, sino como una forma educativa que pueda ser aceptada por la persona que ha vivido con sus temores y ansiedades en un mundo que glorifica la violencia.

Esta propuesta engloba también la violencia sexual en la que el hombre o la mujer la ejerce contra su cónyuge.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorre4@gmail.com

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