¿Del abismo castrista a la reafirmación de la doctrina Monroe?

Cuba, el histórico régimen comunista está al borde del colapso. La isla atraviesa una grave crisis estructural, el Estado no garantiza los suministros de electricidad, alimentos o combustible ampliando el debilitamiento del aparato castrista y una ola de descontento popular, abriendo una puerta al cambio en la autocracia cerrada más antigua del continente. Cuba históricamente ha sobrevivido gracias a la dependencia externa, durante décadas sostuvo su modelo basado en la transferencia de recursos de potencias o aliados cercanos ideológicamente, descuidando su autosuficiencia productiva. Primero fue la Unión Soviética (URSS) como gran hegemón protector, luego Venezuela, a través del petróleo subsidiado y el intercambio de crudo por servicios profesionales y recientemente, apoyos parciales más simbólicos que efectivos, por parte de Rusia, México o China.

La Rusia de hoy no es la URSS capaz de subsidiar y proteger indefinidamente a La Habana, su prioridad estratégica está concentrada en la guerra en Ucrania, en sostener su aparato militar y en resistir a las sanciones de occidente. Venezuela, por su parte, dejó de ser el pulmón energético del castrismo desde la captura de Maduro, el reordenamiento institucional y el alineamiento político-económico con EEUU redujeron su margen de apoyo.

Los Estados Unidos, analiza la crisis y sus siguientes movimientos desde su Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que reafirma la Doctrina Monroe bajo el Corolario Trump orientado a restaurar la hegemonía política y militar de la casa blanca en el hemisferio occidental, así como limitar la presencia de actores extra hemisféricos. La presión y hechos actuales sobre los aliados del castrismo responde a ese diseño, recordándonos los mensajes previos a la extracción de Maduro.

Aún es pronto, pero la plena democratización de Cuba es por ahora improbable. Sin embargo, pueden identificarse algunos escenarios. El primero sería una apertura política limitada, donde Estados Unidos y algunas figuras del aparato de poder negocien, sin desmontar de inmediato la estructura central del régimen: partido único, aparato represivo y cúpula básica de control político. En este punto, el cambio sería más formal que sustantivo, siguiendo la lógica de supervivencia que ha caracterizado al sistema cubano desde 1959. Un segundo escenario sería la aplicación de una fórmula similar al modelo venezolano. Marco Rubio parece impulsar una transición controlada y pactada desde dentro, paso a paso, orientada hacia un cambio de régimen. La liberación de presos políticos, la legalización parcial de la oposición, una reforma económica profunda y ciertos mecanismos de apertura institucional podrían formar parte de los primeros movimientos de esa estrategia. El tercer escenario, menos probable, es el militar si analizamos el panorama geopolítico de los conflictos internacionales no resueltos como Irán.

Santiago Pérez Samaniego

X: @santiagojperezs

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