Loja es hoy una ciudad desdibujada, deshecha. No solo por el centralismo salvaje –cuya sombra ha estado siempre–, sino en sí misma, por sí misma. Al mirar en retrospectiva encontramos episodios de lustre que nos hacen añorar esa gloria que hoy ha sido denigrada. Hasta hace algunos años, los hijos de esta tierra construíamos un hermoso presente con miras a un futuro aún más sólido, y con orgullo exhibíamos una ciudad vanguardista en muchos aspectos: servicios públicos de calidad, red vial urbana de primer orden, ejemplo en el manejo de los desechos sólidos, el orden y la limpieza; un Festival de Artes Vivas con categoría mundial, fuertes inversiones tanto públicas como privadas, espacios públicos dignos, necesidades básicas progresivamente satisfechas, agenda cultural permanente y un largo etcétera. Pero hoy solo nos queda un reducto de toda esa grandeza a la que, con justo derecho y como una vocación histórica, siempre hemos aspirado.
Y sí, sabemos que esto ha sido responsabilidad de los últimos tres gobiernos centrales, que se han encargado de marginar vilmente a Loja, y también de las últimas cuatro administraciones municipales que solo han hecho alegoría de su ineptitud. Pura politiquería y nula visión geopolítica para ponerla a Loja en el mundo, es cierto. Pero también responsabilidad, hay que decirlo sin ambages, de este pueblo que, muchas veces movido por odios y bajas pasiones, ha confiado la administración de la cosa pública –léase su presente y futuro como cantón–, a personeros que no han tenido ni la formación, ni la voluntad políticas necesarias, permitiendo que seamos un vergonzoso escenario para la improvisación y la desidia. Y todo en nombre de la tan anhelada, pero, a la vez, manoseada democracia.
Aun así, sin embargo, hemos de mantener incólume el derecho a soñar, pero siendo conscientes de que no podemos repetir errores de cara al futuro inmediato. Pues, como exhortaba el historiador Genaro Eguiguren hace unos días: no caigamos en la vergüenza de ´anhelar´ que nos limpien los derrumbes y cubran los socavones, sino más bien ambicionemos grandes proyectos para nuestra amada Loja, hoy paralítica y porfiada.
José Luis Íñiguez Granda
joseluisigloja@hotmail.com