Cuando votar ya no basta

Parece que en Ecuador todavía tenemos democracia porque hay elecciones. Qué alivio. Las convocan cuando quieren. Hay papeletas, urnas y campañas. El pequeño detalle es preguntarnos quiénes podrán llegar a esas papeletas y quiénes habrán quedado fuera antes de que el ciudadano pueda decidir.

Las últimas actuaciones de los organismos electorales deberían preocuparnos, independientemente de simpatías políticas. Cuando movimientos y actores son excluidos, suspendidos o perseguidos mediante decisiones institucionales, no basta con celebrar porque “son los otros”. Hoy puede ser el correísmo, Construye, Unidad Popular o Amigo. Mañana, cualquiera que resulte incómodo. La democracia no consiste en eliminar al adversario; consiste en derrotarlo con votos.

Y mientras se discute, otra vez, entre correístas y anticorreístas, nuestro deporte nacional favorito, pasan cosas bastante más serias. El concurso para Fiscal General avanza entre dudas y tensiones y al final otro títere que patrocine la persecución; las instituciones pierden credibilidad; la justicia parece caminar demasiado cerca de los intereses políticos y el poder continúa acumulando espacios.

Curiosamente, para ciertas cosas el Estado resulta extraordinariamente eficiente.

Para perseguir, sancionar, reorganizar y controlar, siempre encuentra tiempo.

Para conseguir medicamentos, atender hospitales, proteger a nuestros niños de las redes criminales o garantizar educación digna, ahí sí aparecen las dificultades presupuestarias, administrativas y, por supuesto, las inevitables explicaciones.

La verdad es que hemos aprendido a indignarnos selectivamente. Defendemos derechos cuando afectan a los nuestros y guardamos silencio cuando atropellan al contrario. Grave error. Los derechos humanos, el debido proceso y la democracia existen precisamente para protegernos del abuso del poder, incluso cuando quien lo sufre no nos agrada.

Tal vez deberíamos entenderlo antes de que sea tarde.

Porque una democracia rara vez desaparece de golpe. A veces simplemente se va vaciando mientras discutimos quién tuvo la culpa hace diez años.

Y cuando finalmente miramos dentro, todavía encontramos las urnas.

Lo que quizá ya no encontremos sea la posibilidad de elegir.

Álex Daniel Mora Arciniegas

alexmorarciniegas@gmail.com

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