El reciente conflicto desatado en Oriente Medio y que involucra a EE.UU., Israel e Irán, crea una enorme y peligrosa incertidumbre no sólo para el futuro de esa inestable región, sino para el resto del mundo en términos de seguridad global y de la propia dinamia de la economía. Lo que se advierte es que nuevamente Estados Unidos, a través del presidente Donald Trump y el Primer Ministro Israelí, Benjamín Netanyahu, violentando el Derecho Internacional, y en el caso de los Estados Unidos, sin contar –una vez más- con la autorización del Congreso para involucrar al país en una guerra, han desarrollado una ofensiva militar que, por ahora, ha terminado con la vida del jefe supremo iraní, Alí Jamenei, de altos dirigentes militares y población civil, lo cual ha desencadenado, por otra parte, en serios anuncios de represalias contra objetivos americanos, israelíes y aliados.
Ayer como hoy, se esgrime el peligro que representa Irán por su desarrollo nuclear, lo cual, no obstante, resulta contradictorio, en tanto, en junio de 2025, tras los ataques perpetrados a la República Islámica de Irán, por los mismos países que hoy intervienen, el propio mandatario, Donald Trump, comunicó la ‘destrucción total’ de las instalaciones nucleares iraníes. Entonces, alguien mintió en esa ocasión o miente ahora a la comunidad internacional.
Empero, es claro que el interés de los EE.UU. y de Israel, es alcanzar el cambio de régimen al interior de Irán, provocando la muerte de sus principales dirigentes y arrinconando militarmente a ese país, para forzarlo a una salida negociada.
No obstante, la capacidad de respuesta de Irán deja entrever que podríamos estar entrando en una guerra que no se resuelva en pocos días o semanas y con potenciales afectaciones al mercado energético e impacto inflacionario para la economía mundial, además del crecimiento del sentimiento anti americanista lo cual juega en contra de la seguridad de los Estados Unidos. Entonces, hay que evitar un mundo en llamas.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion