Se acabó la fiesta

La fiesta de la democracia. Luego de los consabidos shaltashcas, calló la bulla, comenzó el cansancio. Algunos contentos, sobrios, otros, mareados de idolatría y convencidos que el pueblo les pertenece. “Mi pueblo”. “El pueblo conoce mi honradez” y tantas otras maravillas que ese escucha en el trabalenguas politiquero.

En la fiesta hubo de todo: cuenteros, payasos, saltimbanquis y muy pocos honrados. En el delirio del fanatismo apoyamos en la comedia del “yo no fui, fue teté, héchale la culpa que el otro fue”.

En esta fiesta de la democracia escuchamos y vivimos de todo. Globos de mentiras, vacas locas con fuego en sus lenguas, disfraces de angelitos, de borregos; de caperucitos rojos y de lobos derechistas. Hubo bala para reforzar los gritos, bala para aurrar al ungido, para asustar a los tímidos y para…Matar.

Fue inmolado un héroe contra la corrupción. Un Caín apagó su vida. Su sangre pintó en la conciencia del indeciso que bailó al ritmo del triunfo.

Ejercí el derecho de mi voto “libre” bajo pena de castigo.

Cuándo llegará el día en que el ciudadano lo haga realmente libre por un candidato que luego de pasar por varios filtros cívicos, éticos y morales, sea una persona digna de la confianza y el voto democrático. Cuándo llegará el día en que despertemos de esta modorra de ignorancia cívica inducida por la empresa electorera, pantalla del poder de don dinero.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre

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