Renovadas dimensiones para la educación audiovisual

Desde el inicio de los confinamientos ocurridos para controlar los contagios de la Covid-19 muchos adolescentes debieron potenciar sus capacidades autodidactas para formar competencias que les permitan participar de las modalidades de aprendizaje virtual y a distancia, pero también es cierto que, aunque las redes sociales y las propias exigencias de escuelas y colegios provocaron el desarrollo de destrezas y actitudes estas no llegan a ser una “media literacy” integral.
Los alejamientos de las aulas y las ausencias de contactos presenciales estimularon nuevas perspectivas y demandas en la educación a partir de los dominios audiovisuales que los estudiantes de secundaria mostraron poseer.
En el caso de las licenciaturas en comunicación y áreas afines ocurre que los jóvenes, antes de ingresar a la universidad aprenden autónomamente técnicas, procesos y lenguajes audiovisuales que alimentan los contenidos que están incluidos en la oferta académica actual, pero se trata de una instrucción adquirida sin los correspondientes argumentos sociales, sentidos deontológicos y responsabilidades.
Por otro lado, los profesionales de comunicación han sido testigos que en las últimas décadas la digitalización, el surgimiento de formatos y narrativas transmedia derivaron en cambios en las cadenas productivas y se crearon empleos que antes no existían.
Lo señalado reclama una respuesta inmediata. La adecuación a los intereses emergentes de los jóvenes es un reto para la educación superior. Se deberán organizar los planes de estudio en atención a estos nuevos contextos, adaptarse a las características de los alumnos y ser pensados para escenarios flexibles, pero sobre todo se espera una formación que destaque la promoción del ser humano y aporte a la consolidación de una ciudadanía más empática y resiliente.

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