Paltas

Tras la bruma de las Chinchas de un viaje casi inhóspito, la Y de Velacruz alerta su inminente cercanía, a dos curvas más está la meseta del Pisaca, último bastión Paltas, y a la que la historia bautizó como el balcón del inca.
Un pueblo altivo y orgulloso que aguarda en las alturas el regreso de quien algún día salió de allí. El horizonte infinito precipita su cielo hacia el valle de Casanga, contemplando caminos de tierra y calles rumorosas, que avecinan a pueblos pequeños y ciudades populosas.
Catacocha te recibe así, con viento de altura y sol de valle, con abrazos de amigos y pan de madre. De tradición auténtica e independiente, te cuenta la historia de ser el primer cantón reconocido en tiempos de la Gran Colombia, de ser la tierra de héroes y surtir de leyendas y canciones a la provincia de Loja.
Amplia, lejana y quebrada, Paltas te traslada desde la lejanísima Orianga hasta la “aquisito no más” Lourdes, hay lugar para todos. Y sí, dicen que aquí tu tranquilo porque mientras el Pisaca te vigila, el Catamayo y el Puyango te rodean.
Permanente, acogedora, y hospitalaria te hace parte de…, recepción alrededor de una paila de cobre que cocina fritada, mientras la guitarra, la copla y la copa aderezan esa jornada. Cuentos anécdotas, canciones, dinosaurios y más, las historias no terminan y siempre hay más por conocer.
Transita, trasciende y recorre que la provincia de Loja invita, esta vez fue Paltas.

Jorge Ochoa Astudillo
jorgeochoaa@gmail.com

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