Los ciudadanos esperan cambios y acuerdos para superar las crisis que se viven en Ecuador. Los gobiernos nacional y local iniciaron gestiones hace poco, en mayo y julio de 2025, respectivamente, y enfrentan las exigencias de respuestas inmediatas a problemas de larga data.
Se cuestiona la poca agilidad en renovar funcionarios, la débil reacción a evidencias de corrupción, la negativa a dialogar y, particularmente, la eliminación de subsidios que impulsa una protesta que está por cumplir un mes, y provocó fallecidos.
Estos acontecimientos están, nuevamente, influidos por grupos de poder que buscan predominio de sus relatos. Hay continua utilización de redes sociales digitales, herramientas de inteligencia artificial y medios alternativos para posicionar hegemonías.
Otros temas frecuentes, en dos últimos años, en los medios de comunicación, como la judicialización de la política, la reforma del Estado o desinformación, dejan poco espacio a las soluciones. No se abordan vías hacia la conciliación o no se sabe cómo hacerlo. La comunidad parece estar entretenida en el reality político al que se acercan los formatos informativos tradiciones.
El inicio de la pacificación no está solo en manos de los gobernantes de turno, se requieren enfoques integrales, plurales, diversos. Las quejas deben estar acompañadas de sugerencias de acciones y transparencia, de lo contrario el caos seguirá.
Hay nuevos escenarios, vinculados con entornos online y alianzas regionales, que presentan oportunidades de progreso, pero se alejan por las tensiones internas. Así el país divaga, capturado por intereses tradicionales. Tal vez, antes de intentar mesas de diálogos sea necesario responder a ¿quiénes se benefician de la marginalidad y la ingobernabilidad actuales?
Abel Suing
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